¿CUAL ES TU CIENCIA?

viernes, 13 de junio de 2014

100 millones de planetas Tierra.

  En la Vía Láctea podrían existir cien millones de planetas además de la Tierra capaces de albergar formas de vida complejas.
Según matizan estos expertos en la revista Challenges, el estudio no indica que exista la vida en todos estos objetos, sino que se dan las condiciones planetarias necesarias para que se desarrollen organismos por encima de lo que podría denominarse el nivel microbiano. 
 “Vida compleja no tiene por qué equivaler a vida inteligente; ni siquiera a vida animal; la idea, más bien, es que los organismos podrían organizarse en cadenas tróficas parecidas a las que existen en los ecosistemas terrestres”. 
  Los investigadores tuvieron en cuenta la densidad de los planetas examinados, su antigüedad, composición, temperatura y distancia a su estrella, entre otros factores. A partir de esta información construyeron un sistema de medición denominado Índice de Complejidad Biológica. Este reveló que casi el 2% de los mundos observados presentaban mejores condiciones que Europa. 

  Un satélite de Júpiter que bajo su superficie helada atesora un gran océano subterráneo de agua en estado líquido y que, en ocasiones, alcanza la superficie. Algunos astrobiólogos sospechan que en esta luna podría haber surgido la vida

 Se estima que en la Vía Láctea, en la que existen unos 10.000 millones de estrellas, de ser así, habría unos cien millones de mundos con condiciones apropiadas para albergar vida.
 Eso sí, pese a que son muchos, la galaxia es tan grande que aquellos con puntuaciones más altas en el Índice de Complejidad Biológica se encuentran muy alejados entre sí. Por ejemplo, uno de los sistemas más próximos con planetas en los que podrían haberse formado biosferas complejas es Gliese 581, a unos 20 años luz de la Tierra. 
“Parece muy improbable que estemos solos en el universo. No obstante, posiblemente nos hallamos tan alejados de otras formas de vida con un nivel de complejidad parecido al nuestro que encontrarnos con ellas resulta muy improbable en un futuro cercano”, señalan los astrónomos.

Por Andrea Rodríguez Martínez. 

La niña de 8 años que jamás creció.


  "Tiene la misma piel, la piel de un bebé. Nunca ha cambiado" -dice su madre.
Jamás ha crecido, ni crecerá. No puede comer sola; necesita pañales y una cuna. Igual que cuando nació. Y algo más.
Gabby Williams de Billings, Montana, tiene 8 años de edad, pero pesa solo 12 libras, menos de seis kilogramos. No ha crecido en toda su vida, no ha envejecido. Su condición asombra a los científicos. Para algunos de ellos, Gabby puede contener en su cuerpo el secreto para detener el envejecimiento, para interrumpir el deterioro del cuerpo que viene con la vejez, y quizás para detener la vejez misma.

  No supieron siquiera, los expertos, que era posible no envejecer – ni crecer – hasta que, dos años atrás, los padres de Gabby se dirigieron a la comunidad científica preguntando qué le pasaba a su hija. Y no pudieron comprenderlo hasta que, paulatinamente, comenzaron a llegar informes de otros casos similares: un hombre de 29 años que asemeja físicamente 10. Una brasileña tendrá dos, a lo sumo tres años, y todo parece bien, aunque sus facciones son un tanto extrañas. Pero no es un bebé; es una mujer de 41 años.

  Hace más de un año, se publicó la historia de Brooke Greenberg, nacida en 1993.
"En la actualidad Brooke tiene 19 años, pero tiene dientes de leche, siete kilos de peso y 75 cm de estatura: es una mujer atrapada en el cuerpo de un bebé. Parece tener un año y medio o dos de nacida, no articula ni una sola palabra, no camina, no come por sí misma".

  En aquel entonces, su médico pediatra el Dr. Lawrence Pauka, contó que "cuando los demás médicos la ven piensan enseguida que se trata de una discapacitada de dos años".


¿Cómo es posible?

  “En algunas personas, algo les pasa y su proceso de desarrollo se retrasa”, trata de explicar Richard Walker, un investigador médico experto en el proceso de envejecimiento. “En ellos, la tasa de cambios corporables es casi inexistente”.
Esa tasa de crecimiento de esta gente es al menos cinco veces más lenta que la de otros. Sufren de sordera. No pueden caminar ni hablar.
Gabby necesitará siempre la ayuda constante de su madre, que trabaja en la oficina de un dermatólogo, y su padre, un agente carcelario del estado de Montana.

  La historia de Gabby llegó por primera vez a los medios hace alrededor de un año. Desde entonces han surgido ante la luz pública nuevos casos.
Para Walker, la clave del misterio científico de estos individuos radica en su código genético, que ni él ni los otros científicos han logrado descifrar. Un código quizás emparentado con el de los procesos que generan la demencia y el Alzheimer.  Aunque el cuerpo de estos individuos jamás envejece, la persona confrontará la muerte natural de la misma manera que todo el resto. Tampoco puede prevenir accidentes, ni las enfermedades de la vida.    
  
   Las investigaciones del Dr. Walker aclararon a los Williams que no deben temer que sus otros cinco hijos, cuyas edades fluctúan entre el año y los 10 años de edad, tengan a su vez descendencia con el mismo problema. “Es un gen mutante que sucedió de manera anormal”, dijo la madre, aclarando que no se transmite.

La familia Williams coopera en la investigación porque cree que con ello puede ayudar a la gente a confrontar en el futuro los problemas del envejecimiento, como el Alzheimer.

Por Andrea Vega Refojos.

La alergia al látex, un problema social.

  La alergia al látex no es un problema que padezcan sólo los profesionales sanitarios, ya que más del 2% de a población la sufre. Entrar en una tienda de deportes o ir a cambiar una rueda al coche no es posible para estos ciudadanos que no comprenden cómo un producto que mata se encuentra en coches, material escolar y deportivo, de oficina, etc.

   Su uso está tan extendido que ir a un restaurante a veces no es posible. Guadalupe, enfermera y presidenta de la Asociación Española de Alérgicos al Látex, cuenta que en una ocasión, tuvo que irse de una Feria de Salud a la que había sido invitada, ya que todo el pabellón estaba decorado con grandes globos propagandísticos… de látex.



Por Alba Fernández Docampo.

Un arca contra tsunamis casera.


Chris Robinson es un diseñador de Palo Alto, California y está convencido de que el arca que está construyendo en el jardín de su casa puede salvarlo a él y a su familia en caso de tsunami.


Robinson inició el diseño de su Tsunamiball en 2012, tras estudiar cómo se podría sobrevivir a un suceso tan catastrófico como puede ser un tsunami, como el que unos meses antes había arrasado la central nuclear de Fukushima en Japón. Desde entonces, trabaja en una estructura impermeable, de unos siete metros de largo y formas redondeadas, hecha con madera contrachapada de caoba y recubierta de una mezcla de polímeros que le proporcionan resistencia al bote.

Además, cuenta con un doble casco que, según Robinson, protegería el interior del impacto de los restos arrastrados por la crecida del agua, probablemente la mayor amenaza en caso de tsunami.

Aunque prevé terminar su Tsunamiball a finales de este año, Robinson admite que hay ciertos aspectos, como los relacionados con las baterías, que aún están por pulir.
 En todo caso, ya planea hacer una primera prueba en una gran piscina o entorno controlado.

Por Andrea Rodríguez Martínez.

Una planta que crece en los pirineos alarga la vida.



          El extracto de una planta de flor amarilla que crece en zonas montañosas como los Alpes y los Pirineos, y que ha sido utilizada durante años por escandinavos y rusos como remedio natural para combatir el estrés, ha demostrado ser capaz de alargar la vida en torno a un 24%, al menos en moscas. Se trata de Rhodiola rosea, también conocida como raíz de oro, y sus efectos sobre la longevidad superan a los de la restricción calórica e incluso a los del revesratrol presente en el vino tinto.

         Según los científicos, lo más interesante es que, además de prolongar la vida, el extracto de esta planta retrasa la pérdida de las capacidades físicas al envejecer, y es efectivo incluso si lo toman individuos ya ancianos. Al parecer, su efecto se explica porque reduce la producción natural de moléculas de oxígeno reactivo, protegiendo a las células del estrés oxidativo, un estado en que el los radicales libres procedentes del oxígeno causan daños que pueden desembocar en cáncer y otras enfermedades degenerativas.

            Los científicos analizan ahora si Rhodiola podría usarse como anticancerígeno, para combatir el alzhéimer, entre otras posibles aplicaciones en salud humana.

Por Andrea Vega Refojos.

¿Se atonta el cerebro por ver porno?

Un estudio ha detectado que las mentes que más tiempo pasan consumiendo material X suelen generar menos materia gris.

   La pornografía y los estudios científicos no son muy buenos amigos. La estadística dice que aproximadamente un 84% de la población masculina occidental la ha consumido en algún momento de su vida, cuando cualquier analítica de tráfico en Internet demuestra que esa cifra se queda dramáticamente corta. Pero estos estudios no paran de llegar. El más reciente uno realizado por el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, y publicado por la revista de la Asociación Médica Estadounidense, según el cual los hombres que pasan mucho tiendo viendo pornografía en internet tienen menos materia gris y registran una reducción de su actividad cerebral.

    “Hemos encontrado un importante vínculo entre el acto de ver pornografía varias horas a la semana y el volumen de materia gris en el lóbulo derecho del cerebro y en la actividad de la corteza cerebral”, aseguran los investigadores. "Estos efectos podrían incluir cambios en la plasticidad neuronal por una intensa estimulación del centro de placer”.


   En la mayoría de la muestra –hombres de entre 21 y 45 años– cuanta más pornografía consumían, más se deterioraban las conexiones entre el cuerpo estriado del cerebro y la zona encargada de la toma de decisiones, el comportamiento y la motivación.

   Para el estudio utilizaron una muestra de 64 hombres de entre 21 y 45 años que veían pornografía una nada desdeñable media de cuatro horas semanales. Les hicieron tomografías mientras visionaban estos vídeos y las comparaban con los resultados de cuando veían vídeos de personas haciendo otras cosas, como por ejemplo ejercicio. Observaron que en la mayoría de los casos, cuanta más pornografía consumía un hombre, más se deterioraban las conexiones neuronales entre el cuerpo estriado de su cerebro y la corteza cerebral –zona encargada de la toma de decisiones, el comportamiento y la motivación–. Es decir, desarrollaba lo que se ha llamado Porn Brain (cerebro de pornografía: como el pie de atleta pero con un estigma mayor).

   El estudio no está del todo completo: falta determinar la relación causa-efecto. Es decir, confirmar que estos fenómenos son causados por el consumo de porno, no de las personas con estas características 

Por Alba Fernández Docampo.

La secuencia del genoma del eucalipto.

  80 investigadores de 30 instituciones de 18 países distintos han colaborado en este proyecto durante 5 años, que tenía como objeto secuenciar el genoma de los eucaliptos (“Eucalyptus grandis”).

  El equipo de investigadores, liderado por Zander Myburg (Universidad de Pretoria, Sudáfrica), ha analizado los más de 36.000 genes que se encuentran en este árbol de rápido crecimiento.

   Este logro en genética servirá para generar más cantidad y también mejor calidad de maderas, fibras y celulosas que podrían ayudar a la concepción de la bioeconomía en un futuro gracias a que esta especie de árbol, a pesar de ser originaria de Australia, es muy adaptable y puede plantarse en cualquier lugar del mundo.

   Tras la secuenciar el genoma del eucalipto, los expertos confían en poder aplicar la misma tecnología a otras especies de árboles para que también puedan ser empleadas como materia prima incluyendo tanto la industria textil como la farmacéutica, como en el caso de la “celulosa química”. De la misma forma, estos materiales también podrían emplearse en el futuro como combustible para aviones, entre otros usos.




  “Ahora que entendemos qué genes determinan las características específicas en estos árboles,podemos criar árboles que crezcan más rápido, teniendo madera de más calidad, usando agua de forma más eficiente y afectando menos al cambio climático. Incluso, podemos convertir las plantaciones de 'Eucalyptus' bien gestionadas en biofábricas para producir tipos específicos de materiales codiciados y productos químicos”, explica Zander Myburg a la revista Nature.


Por Andrea Rodriguez Martínez.